QUARANTINE

Por Carles M. Agenjo

El final –de una película, saga o serie– será siempre una cuestión delicada. El remake, también. En este sentido, Cuarentena (2008) y [REC·] 4: Apocalipsis (2014) resultan dos ejemplos polémicos. El primero, nueva versión de la original [REC·], es un ejercicio de traducción hollywoodiense con algunas modificaciones superficiales. El segundo, última pieza de la tetralogía de terror creada por Jaume Balagueró y Paco Plaza, traza un nuevo camino más correcto que apasionante, más cuestionable que encomiable.

Cuarentena es como un libro garabateado en el borde de sus páginas. El director John Erick Bowdle –¿o deberíamos referirnos a la productora que encargó esta copia?– insiste en aportar más detalles de la cuenta sobre una historia ya contada. Mientras la misteriosa infección de [REC·] avanzó dosificadamente hasta culminar en un inesperado desenlace pluri-conceptual, este remake atribuye el brote a la rabia de forma temprana y reduce drásticamente el radio de lecturas que invitan a la reflexión. En otras palabras, la película prefiere clarificar antes que respetar el espíritu sugestivo de su fuente.

quarantine

La única novedad emana de algunos instantes. Por un lado, el crujido de huesos de un bombero infectado caminando con la pierna rota y el cámara aplastando con el pie una rata salida de la nada –clara anticipación de la mentada rabia– son indicios de que el código genético del film no puede ser otro que el de una industria más empeñada en el impacto efectista que en la reflexión audiovisual.

Por otro lado, la declaración de un policía mintiendo en directo por televisión, afirmando que los habitantes del edificio infectado se encuentran a salvo, establece un pequeño puente de conexión con la primera película de Balagueró y Plaza. Si éstos arremetieron contra los contenidos trash made in Telecinco, Erick Bowdle habla aquí de la mentira como infierno mediático en una sociedad manipulada que se alimenta del sensacionalismo. Igualmente inspirada es la escena en que el cameraman –un reconocible Steve Harris a diferencia del Pablo sin rostro del film original– consigue que la película establezca una mayor interacción con el espectador desde el momento en que utiliza la cámara para fulminar a golpes un peligroso vecino infectado.

quarantine

No obstante, Cuarentena es culpable de una torpe sustitución. Erick Dowdle elimina la siniestra narración del padre Albelda, que se escuchó en la grabadora que aparece en el ático, al final del film original, por un tumulto de balbuceos incomprensibles: perfecta metáfora de que ésta es una película que parece no entender a fondo el valioso material que adapta.

Más interesante hubiera sido un remake sobre tierra estadounidense dirigido por el propio Balagueró y el propio Plaza. Una película así hubiera ampliado su discurso –tecnológico, social, lúdico– en la línea de, por ejemplo, el prometedor Matt Reeves. Esto hubiera dirigido el remake hacia un nuevo terreno y un nuevo contexto donde la reflexión no tiene tanto que ver con los homenajes y mecanismos del terror, sino con las sutilezas de nuestra era, la del duplicado, en la que surgen ejercicios tan sorprendentes como las dos versiones de Funny Games dirigidas por el gran Michael Haneke. Un díptico con vocación experimental que también habla sobre la mirada y el horror: una mirada puesta a prueba por el propio dispositivo cinematográfico.

rec-4

En cuanto a la última entrega de la saga, [REC·] 4: Apocalipsis, realizada únicamente por Jaume Balagueró, es una película que elimina completamente el estilo acuñado en las anteriores: ese found footage explotado hasta la saciedad. ¿Y qué queda? Un thriller naval diseñado como la continuación de [REC·] 2 (2009) y sin perder de vista a [REC·] 3: Génesis (2012). Balagueró sigue encerrando a su –ya cansada– Ángela Vidal. Esta vez, en un barco cargado de militares y biólogos donde deberá superar la cuarentena junto a otros misteriosos tripulantes. ¿Pero dónde quedan el costumbrismo y las caricaturas sociales? ¿Dónde está el experimento, la gamberrada y la distancia irónica? Ahogadas bajo el peso de una película que parece más estadounidense que el remake de John Erick Dowdle del que estábamos hablando.

No se puede negar que las intenciones son buenas. Balagueró sigue insuflando novedad a la saga por una vía terrorífico-científica que recuerda, sin embargo, a los impersonales productos marca Resident Evil en una época -ya superada- de pandemias y pánico post-ébola. Tampoco se le puede quitar mérito a un cineasta que narra con oficio una película de buena factura técnica. No obstante, este último capítulo peca en lo más decisivo: carece de alma. En vez de abrazar al fan para sumergirse en el Hades más profundo del océano, se despide de él con un frío apretón de manos.

En cualquier caso, esta floja pieza de cierre forma parte de una saga con la que el tándem Balagueró-Plaza ha acuñado un nuevo sello de identidad. Especialmente en las dos primeras entregas, un díptico a medio camino entre la comedia, el sadismo y el hiperrealismo, que obliga al terror a replantearse la casilla que ocupa en el gran tablero digital del siglo XXI.

Anuncios

Acerca de Carles M. Agenjo

"Un día sin reír es un día perdido" (Chaplin)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s