rec

Por Carles M. Agenjo

Sorpresa. ¡Boom! Un salto mortal y un aterrizaje perfecto. Balagueró y Plaza descorchan en 2007 un producto innovador que permite un acercamiento al espectador mucho más pronunciado que la mayoría de películas de género. No por el guión, simple y cargado de tópicos, sino porque los personajes establecen una relación íntima con las imágenes que amplía el impacto de lo sobrenatural. Esto se consigue gracias a la titánica interpretación de Ángela Vidal, que transita de la profesionalidad periodística a la explosión emocional interrumpiendo su discurso en directo para susurrarle a Pablo, el cámara, cuál es su estado de ánimo y pidiéndole que, pase lo que pase, no deje de grabar. Este pequeño recurso encuentra su razón de ser a través de la cuarta pared y del diálogo con Pablo mediante gestos que, especialmente en el último tramo del film, amplían el discurso de terro-realidad que Daniel Myrick y Eduardo Sánchez confeccionaron en El proyecto de la bruja de Blair (1999) mediante la imagen de una excursionista llorosa y asustada en medio del bosque.

Al igual que en aquella espléndida película, piedra angular del found footage, este recurso fija un fuerte vínculo entre el espectador y los enclaustrados personajes que va más allá de la simple identificación con su conflicto exterior En el caso de [REC·], un equipo de televisión acompaña a una unidad de bomberos de Barcelona en situación de emergencia y queda atrapado, junto a una comunidad de vecinos, en el peor de los infiernos urbanos.

Asimismo, Balagueró y Plaza sazonan este caldo de cultivo con gotas de humor cercanas al costumbrismo doméstico que Álex de la Iglesia llevó al paroxismo en La comunidad (2000): una comedia negra 100 % contemporánea que resitúa la película en un árbol genealógico más complejo de lo que parece a simple vista. Y es que [REC·] es una película con múltiples padres que van de los géneros y subgéneros del cine a la televisión y la accesibilidad de las nuevas tecnologías en plena era Media Markt. Mediante este juego de hibridación extracinéfila, los realizadores no dudan en satirizar a la sociedad, aunque sea a modo de apunte, evidenciando sus inquietudes y fobias. Y una vez más, la cámara vuelve a cobrar todo su significado como radiografía de las mismas. Los dos ancianos, la familia oriental, la madre histérica y su hija pequeña enferma… Son arquetipos televisivos de doble filo: inciden directamente sobre la autenticidad como dispositivo del terror –una de las grandes bazas del film– y dilatan el acceso al humor de una película que, bajo su escafandra de placer sangriento, no luce etiquetas.

Cuando empieza la fiesta y los gritos y el gore inundan frenéticos movimientos de cámara, la narrativa de [REC·] se comporta como el itinerario de un circuito de laboratorio para ratas. El fatalismo se apodera de cada paso en falso cometido por los personajes, que caen víctimas de un “diaboli” ex machina que los arrastra directos al averno. Un goce que el fan mas acérrimo al género llevaba esperando desde el inicio del viaje y que finalizará en un enigmático clímax que tiene lugar en el ático. Toda una poética hiperrealista de lo macabro que encuentra su virtud en la ambigüedad visual y que saca máximo provecho a sus limitaciones de presupuesto. [REC·] es una clase magistral. No sólo para jóvenes artífices, también para asentados profesionales.

La oscuridad dominante en los últimos planos del film, registrados mediante visión nocturna, no sirve para disimular ningún tipo de efectos especiales –como se da en el caso de cierto cine hollywoodiense–, sino para forzar la mirada del espectador ante lo irracional, para contaminar su imaginación mediante la aparición final de una otredad tan extraña y escalofriante como morbosa, tan poco visible para la retina como imborrable para la memoria.

En este sentido, esta primera entrega de la saga mima a sus imágenes como ninguna otra película de terror y se convierte en la mejor evidencia de hasta qué punto el cine de género necesita reflexionar sobre el medio del que forma parte, el contexto multi-plantalla donde vive y la evolución tecnológica que está experimentando… En vez de explotar sus nuevas posibilidades con estúpida voluntad publicitaria.

C. M. A.

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Acerca de Carles M. Agenjo

"Un día sin reír es un día perdido" (Chaplin)

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