youth

Por Adriano Calero

Ya lo decía David Wark Griffith: “lo que el cine necesita es belleza, la belleza del viento meciéndose entre las hojas de los árboles”. Es decir, la belleza de lo invisible cuando hace posible lo visible. Quizá sea ese el único error de Paolo Sorrentino en su reciente Youth. Que, en su película, lo visible es de una belleza apabullante, pero el viento ni mucho menos es imperceptible. No es que se haga notar como un pequeño silbido. Más bien, lleva en su intención huracanada el eco de un nombre escrito en mayúsculas: el suyo propio. ¿Cuestión de ego o de estilo?

Con el pretexto de un director de orquesta retirado, Fred Ballinger (Michael Caine), que pasa sus vacaciones, como cada año, en un balneario de los Alpes suizos, Sorrentino reflexiona sobre la juventud (o lo que queda de ella), sobre la belleza, el arte, el amor, la amistad, el paso del tiempo y, en definitiva, sobre la vida. Ya sea a modo de diálogo entre un sinfín de personajes de lo más variopinto, entre los que destaca su gran amigo y director de cine Mick Boyle (Harvey Keitel); o gracias al pulso firme de una cámara que enriquece nuestra actitud voyeurista y que combina con igual sabiduría el plano fijo y el travelling, enfrentando, así, el inmovilismo de un personaje que mira la vida con cierta apatía y el tiempo, que jamás se detiene.

De este modo, así sea en una película donde escasean los giros de guión y la acción parece interrumpida en el tiempo, Sorrentino nos habla, paradójicamente, del aprendizaje que hay oculto en el devenir de las cosas. Y ya en la primera secuencia, como si de una declaración de intenciones se tratara, la música de los títulos de crédito da lugar a la imagen y en ella la cámara fija nuestra mirada en la vocalista de “The Retrosettes Sister Band”, en plena interpretación, mientras el fondo se ve desdibujado por el movimiento continuo. Pero no es la vocalista quien se mueve, pues canta desde una plataforma móvil… Simplemente, es la vida que pasa a través. Como sugiere la canción (“You got the love”), tal vez la clave para comprender resida en el amor de alguien. O de algo, como la misma Youth.

Porque nos lo recordará su gran amigo Mick Boyle. Que sea director de cine no es ninguna casualidad. “Dices que las emociones están sobrestimadas, pero eso es mentira, emociones es lo único que tenemos.” Y se marchará a hacer otra película, mientras se escucha una de las “Simple Songs”. La cámara, de una sutileza moral irreprochable, le seguirá hasta cierto punto. No habrá cabida para el morbo en dicho travelling. Tan solo el personaje y su soledad. De nuevo un plano fijo. Inmovilismo, distancia, contracampo. Esta vez, algo ha cambiado. El protagonista siempre lo ha sabido, “eliminas a una persona y de repente el mundo entero cambia”. Asimismo, los directores y sus películas tienen la capacidad de cambiar nuestro mundo. Con Youth, Paolo Sorrentino lo ha conseguido. Dejemos, entonces, que escriba su nombre con letras mayúsculas.

harvey-keitel-director-sorrentino-youth

Anuncios

Acerca de Carles M. Agenjo

"Un día sin reír es un día perdido" (Chaplin)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s