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Ni turrones ni siestas. Un extintor como palabra clave. La incerteza como temática principal y 120 horas de rodaje exprés. El director Pol Diggler y los guionistas Milette Artigas y Ramon Lázaro se han olvidado de lo que significan las navidades tranquilas. El último trabajo de la joven productora Fergaht se titula Espurnes (2015) y ha sido escrito, grabado y editado para un concurso de cortometrajes realizados a contratiempo. Se trata de la III edición del BCN Shopping&Shooting by Creu Coberta.

Como si de un grupo de vaqueros esperando el tren de las 3:10 se tratase, Diggler y su equipo han vuelto a practicar uno de sus deportes favoritos: trabajar bajo presión. Una actividad que, aunque no les permita ahondar (prácticamente) en nada, suele servirles como estímulo para ejercitar su creatividad.

“Es una propuesta onírica y con mucha magia” –asegura el joven realizador a modo de comentario en la página web del concurso. Y tiene toda la razón. Sin embargo, lo que nadie esperaba de esta nueva producción es que significase un cambio de rumbo en su trayectoria, hasta ahora basada en el humor ácido y la mala leche.

Su cine –lo señalamos en un artículo anterior– parecía apuntar hacia esta dirección: la de la comedia como terreno idóneo para edificar números musicales, sátiras, sketches y falsos documentales sirviéndose de un humor más negro que el carbón de reyes.

Sólo lo parecía. En su nuevo cortometraje se percibe algo tan cálido, tierno y jodidamente demodé para nuestra contemporaneidad como es el espíritu capriano. Y a Diggler y Artigas no les ha hecho falta ponerse moralistas para conseguirlo. Sólo simpáticos y un tanto tiernos. En resumidas cuentas, esta vez, Fergaht ha dejado la misantropía aparcada en casa.

Espurnes muestra una sucesión de instantes de añeja costumbre y rabiosa actualidad. Madre y abuelo (una camaleónica Roser Bundó y el gran Jaume de Sans) se encuentran en el centro comercial Arenas de Barcelona en plena gestión de las compras navideñas. Les acompañarán en la cena de Nochebuena: la hija mayor, Núria, su novio Miquel y la pequeña Abril, que espera impaciente el momento para desenvolver su obsequio. De repente, algo extraño sucede… Aparece un regalo de más bajo el árbol. ¿De quién será? ¿Es el mensaje de un padre ausente? ¿De una divinidad? El suceso desemboca en discusión, pero Abril no está dispuesta a que le amarguen las fiestas y toma, en última instancia, una sabia decisión: destruirlo.

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¿Pero qué diablos había dentro del regalo? Afortunadamente, Diggler y Artigas no ofrecen respuestas. La extraña pantalla invisible que impide a Abril abrir los regalos la noche antes de la Epifanía y la peculiar forma en que ésta desintegra el sexto presente evidencian el flirteo de Diggler y sus guionistas con lo sobrenatural, pero no como nos tienen acostumbrados hasta ahora. Dicha secuencia es una prueba de que, además de sádicos y amantes del “exploit”, también saben ser sutiles: Espurnes prefiere sugerir antes que explicar.

De este modo, lo que los guionistas Artigas y Lázaro entienden como un “macguffin” –ese sexto regalo bajo el árbol– se antoja el detonante de una avalancha de jugosas lecturas. En el contexto de ínfima recuperación económica que se respira actualmente en España, la película se adentra en la Barcelona de clase media, en los hogares en los que no es fácil llegar a fin de mes. Y lo hace desde un interesante punto de vista, a caballo entre la fantasía y la incertidumbre, pero con una clara diferencia respecto al mundo televisivo: Fergaht no quiere vender las mismas motos que los anuncios de la lotería.

Los milagros –parece pronunciar con esta propuesta– son para los creyentes. Consciente de esto, la pequeña Abril simboliza en ese plano final de la destrucción en fuera de campo del sexto regalo algo tan precioso como el primer soplo de madurez en la infancia: un indicio que, como el recurso aquí utilizado, no se muestra físicamente, se intuye. Asimismo, la palpable renuncia de Abril a la curiosidad infantil tiene como único objetivo preservar algo que suele pregonarse durante estas fiestas, pero que deberíamos recordar cada día: más sonrisas y menos discusiones. Ya sea con o sin trucos de mesa.

C. M. A.

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Acerca de Carles M. Agenjo

"Un día sin reír es un día perdido" (Chaplin)

Un comentario »

  1. […] Carles Martínez Agenjo, del blog Cinematográficamente hablando, nos hace una pedazo de crítica de nuestro último trabajo exprés ESPURNES, realizado en el marco del Barcelona Shopping&Shooting by Creu Coberta! https://nostromopinion.wordpress.com/…/…/05/el-sexto-regalo/ […]

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