VHS-portada

En una época como la nuestra, en la que nada (ni nadie) escapa de los discursos críticos, no resulta extraño abordar una película de episodios con el foco de análisis puesto sobre un único segmento de la misma. El interés, por lo tanto, no apuntaría hacia el puzzle, sino hacia una de sus piezas sin tener en cuenta el resto. Me refiero a Noche amateur de David Bruckner, primero de los cuentos terroríficos que se suceden en la muy creativa V/H/S (varios autores, 2012), una película que se puede visionar a continuación.

La época que realmente importa a la hora de abordar este capítulo no sólo es la nuestra –evidente en el retrato de una generación 2.0 tan nocturna como tecnológica–, sino también la de aquellos ejercicios de comedia o terror de los años 80 que emergieron bajo el mandato de la consumista era Reagan y que, a día de hoy, todavía asaltan la cartelera en forma de producciones alejadas del compromiso adulto. El caso que aquí nos ocupa tiene mucho que ver con esta resaca de producciones intrascendentes. Noche amateur es la fugaz historia de un grupo de amigos con ganas de alcohol, chicas y juerga en su recién alquilado apartamento que, de repente, choca por puro fatalismo con la otredad más sanguinaria. Como novedad, lo que certifica dicha experiencia ya no es un smartphone, esa prolongación rectangular de la mano humana, sino la nueva pijada del mercado: una montura de gafas con una cámara microscópica incorporada que registrará todo lo que sucede durante la noche.

Como aportación al cajón de los found footage (o “películas de metraje encontrado” grabadas como un videoaficionado), el capítulo apunta hacia la misma voluntad de explorar el cine digital que han demostrado talentos incipientes como el aplaudido Matt Reeves y el desafortunado Josh Trank. Su virtud, al igual que la de estas jóvenes promesas, radica tanto en sorprender con el detalle más sutil como en explorar las texturas hiperrealistas que ofrece esta nueva moda mediante virtuosos movimientos de cámara que nos zambullen en películas con el mismo espíritu que un reportaje morboso.

En otras palabras, este cortometraje ofrece mucho más de lo que parece a simple vista. En aproximadamente 20 minutos y sin necesidad de costosos efectos especiales, Bruckner confecciona un alocado, escueto e in crescendo descenso a los infiernos, sazonado con alguna acrobacia formal –ese agitado plano-secuencia dentro del apartamento que saca brillo a (casi) todas las posibilidades de ubicación de cámara para capturar horror y generar tensión– y lo hace con un reparto desconocido que se desnuda en todos los sentidos de la palabra: su sufrimiento nos arrastrá con ellos rumbo al averno.

Con todo, “Noche amateur” no va más allá de la pirueta trendy y, desde luego, las gafas para grabar que en ella aparece no nos van a sacar de la crisis; pero también es la más impactante y sofisticada reducción que se puede hacer sobre la historia de una vampiresa que se enamoró de un humano.

C. M. A.

Acerca de Carles M. Agenjo

"Un día sin reír es un día perdido" (Chaplin)

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