Portada Evil Dead

El chileno Fede Álvarez, debutante como director con la nueva versión del clásico Posesión infernal (Sam Raimi, 1981), resumía en una entrevista algunos proyectos que conserva en el tintero. Además de la satisfactoria tarea que supondrá servirse, por segunda vez, del dinero de Sam Raimi para convertir en largometraje su corto Ataque de pánico (2009), Álvarez también afirmó que quiere concebir una secuela de su debut como algo completamente nuevo. Aunque no pueda evitar algunos guiños, rechaza todo lazo formal con la película original de Raimi. Ahora bien, lo que Álvarez no tuvo en cuenta al soltar estas palabras es que dicho debut –estrenado ayer viernes en España– tampoco los tiene. La nueva Evil Dead, es, como mucho, una libre adaptación del libreto que en su día escribieron y teatralizaron Raimi y su pandilla de amigos en los bosques de Tennesse.

Nada queda ya –en la nueva película– del tono cutre, gamberro y desparpajado que impregnó la original. Nada queda ya de los primeros pasos que dieron revolucionarios del gore festivo como Peter Jackson y el propio Raimi, ni del componente paródico que destilan sus primeras películas. Crimewave (Sam Raimi, 1985), una comedia de terror co-escrita por los siempre deudores del cine clásico hermanos Coen, Mal gusto y Braindead (Peter Jackson, 1987 y 1992) son la punta de un iceberg que los creadores de la nueva Evil Dead –Raimi, Álvarez, la guionista Diablo Cody y el debutante Rodo Sayagues–, conscientes de que las etapas del cine de terror caducan pronto, han optado por no emular. Apenas homenajear, más allá de esa narración en off que acompaña los créditos finales –magníficos, por cierto– pronunciada por un esperadísimo Bruce Campbell: el protagonista de la película original.

Evil Dead Rubia

En vez de fotocopiar la tonta historia sobre un grupillo de jóvenes que van a pasar un buen rato en una cabaña y descubren un libro en el sótano que desatará el mal; Raimi, Álvarez y su equipo le han puesto traje y corbata al script original con un tono más trágico que divertido, más racional que alocado. En la nueva versión, en la que por cierto tampoco llevan móviles, hay una drogadicta (Jane Levy) con problemas familiares, un hermano (Shiloh Fernandez) con el que no se lleva demasiado bien y dos amigos que, esta vez, no van a permitir que la protagonista huya en pleno ataque de mono. El problema –o bendición para el fan– viene cuando uno de los jóvenes lee, como era de esperar, palabras prohibidas de un libro que convertirá una experiencia de por sí dificultosa en el peor de los avernos.

Huelga decir que nos encontramos ante un film de terror de libreto simple y –advierto– que no se corta un pelo cuando de impactar se trata. ¿Pero qué tiene de bueno y de malo esta película? ¿Qué recupera y qué no del cine ochentero del que forma parte la original? Vayamos paso a paso.

Evil Dead 3

La matanza de Tennesse (motosierra incluida)

Si algo caracteriza al terror moderno es que cambió la forma de entender lo demoníaco. Esto dejaba de ser algo exterior, una figuración ajena contra la que combatir cuál caballero enfrentándose a un dragón, para convertirse en parásito, en error que tenía lugar en nuestro propio organismo y que –aquí viene lo nuevo y mejor– emergía de él en forma de sangre, vómito y gangrena inmediata. Hablamos de simulaciones viscerales, desagradables, que pudimos apreciar en cada una de sus angustiosas fases. Esto, que quede claro, sólo es el primer paso de un conjunto de películas que, en ocasiones, y coincidiendo con la llegada de los años 80, iba mucho más lejos, evocando jugosos subtextos –como el de la llamada nueva carne [1]– sobre la liberación sexual del ser humano más allá de sus limitaciones físicas, en títulos maestros como Videodrome (David Cronenberg, 1983) y Tetsuo, el hombre de hierro (Shinya Tsukamoto, 1988), entre muchos otros. La película que hoy nos ocupa no llega tan lejos. No persigue una estética tan profunda. Ni encierra propiedades filosóficas. Se queda en la superficie, en el puro espectáculo. Pero no pasa nada, tampoco Raimi lo buscaba en su ópera prima y la verdad es que ambas se disfrutan como un niño cuando llega el recreo.

Sin embargo, no podemos negar la impersonalidad de esta nueva Evil Dead. ¿Donde está su voluntad por dejar huella? Desde luego, está muy lejos de llegar a ser una vuelta de tuerca más al tratado neocárnico antes citado. Además, ni se antoja tan excesiva y desmadrada como su fuente original –cuyo tono humorístico sólo ha sido recuperado en puntuales ocasiones: Arrástrame al infierno (2009) del propio Raimi, Ovejas asesinas (Jonathan King, 2006) y el cartoonizado musical sobre Evil Dead que se puede ver estas semanas en Madrid– ni consigue ser tan transgresora como promete.

Evil Dead

La película es como un interesante párrafo de examen que, empero, no responde a la pregunta. Y es que esta Posesión infernal tiene más de relato malrollista setentero, hasta cierto punto acorde a unos tiempos difíciles (los nuestros), que no de ejercicio dionisíaco y desenfrenado típico del terror ochentero. Está más cerca, por tanto, de un modelo hiriente y naturalista como La matanza de Texas (Tobe Hooper, 1974), que del espíritu festivo de la Evil Dead original y, en general, de todo ese cine despreocupado, ingenuo y –sí– posmoderno que nació bajo el amparo de la consumista era Reagan. Eso sí, las secuencias de autoamputaciones contienen algunos destellos de saludable humor negro y otras, como la famosa violación in the woods y esa catarsis final en forma de hemoglobínico volcán gore, ofrecen una más que satisfactoria ración de carnaza salpicando a una platea que no tiene porqué estar acostumbrada al cine de explotación.

El resultado, por su impacto, ritmo, risas inesperadas y bofetadas gore, es, celebrémoslo, tremendamente eficaz y no requiere lecturas profundas ni creativas para considerarse como tal. Exigírselas, teniendo en cuenta que éste es un film de equipo y no de autor, sería como pedirle peras azucaradas a un olmo podrido. No es exageración… Se llama evidencia.

C. M. A.


[1] NAVARRO, Antonio José, La nueva carne, una estética perversa del cuerpo, Valdemar, Sitges 2002.

Anuncios

Acerca de Carles M. Agenjo

"Un día sin reír es un día perdido" (Chaplin)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s