“Para mí no hay obra de arte si el público no colabora” (Jean Renoir) 

Paisà (o Camarada) es una película sobre la Italia de finales de la 2ª GM. Cinco episodios de ficción, acompañados de mini-reportajes de archivo que narran la progresiva liberación de un país aplastado por el yugo nazi. Para resumir, ésta es la segunda parte de la trilogía neorrealista de Roberto Rossellini, un film a caballo entre la crónica de guerra y la ejemplificación de la misma, cuyo título, en el fondo, va dedicado al pueblo italiano, a esos paisanos que el autor quiere unir contra la degradación humana.

Periodismo y ficción se abrazan en esta serie de historietas antibelicistas, cortadas bajo un mismo tándem de ideas: impotencia de épica y esterilidad de romance en tiempos de guerra. Luego, los fragmentos documentales no se utilizan para maquillar la realidad, como en Ciudadano Kane (Welles, 1941), sino para contextualizar al espectador y confrontar la historia oficial (enorme dimensión del conflicto) con la individual (específica de quien lo sufre). Paisà es, por tanto, cine documentalista, pero también una película de autoafirmación, en la que Rossellini se libera de los códigos tradicionales del cine, de las directrices que fijaba la industria de la época, mientras Italia se desprendía del fascismo.

La verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. Sintetizando mucho, Rossellini es puro Lumière. Sale del estudio para filmar el mundo en su esencia, en su estado más primitivo, alejado del estilo hollywoodiense. Para hacerlo, al igual que Robert Bresson, no trabaja con actores, sino con simples individuos, y recurre a algo tan simple como el diálogo entre espera y revelación, priva más el espacio que los personajes y combina la dilatación temporal con repentinas explosiones melodramáticas (con algunos rostros en un claroscuro anti-naturalista). Lo hace para jugar con la inteligencia del público (no con sus sentimientos). Éste interpreta libremente lo que observa. Como diría Renoir, el espectador se convierte en colaborador. Y Rossellini, de paso, atrapa la realidad en bruto, tal cual la ve, como si de una mosca al vuelo se tratara. Algo que ya mostró en Roma, ciudad abierta (1945) y que llevará al paroxismo en la radical y sofisticada Alemania, año cero (1948). Para mí, su mejor obra neorrealista.

Sobrecogedora es Camarada cuando disparan a un soldado mientras flirtea con una chica, un niño llora rodeado de cadáveres, una enfermera descubre en las palabras de un moribundo que su novio está muerto y dos combatientes sacan de las aguas del Po a un partisano acribillado. Es en esa crudeza, en esa cotidianidad alterada, en ese realismo a todos los niveles –de argumento, contexto y estética– y, sobre todo, en ese juego entre dilatación temporal y cambio brusco, donde la película gana más puntos y se convierte en ladrillo de la antesala del cine moderno, apadrinado después por Godard y Antonioni.

Rossellini sabía desarmar al espectador. Es innegable que peca de amateurismo en la planificación y, como es habitual en el cine fragmentado, de metraje excesivo y ritmo irregular. El resultado, sin embargo, es grandioso. La más testimonial y completa película del neorrealismo y, probablemente, lo más próximo a la realidad de lo que estuvo nunca Rossellini, a excepción de sus documentales. Todo ello, sin perder de vista un enfoque moral que nunca es obvio y seguirá presente en sus otras películas.

Paisà es una vibrante crónica colectiva, mezcla entre micro-reportajes de lo inmenso y ficciones de lo concreto, capaz de segregar la misma autenticidad que los textos de Olga Rodríguez o las fotografías de Robert Capa. Cine desnudo, comprometido, moderno, necesario y verídico… descarnadamente verídico.

Carles M. Agenjo

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Acerca de Carles M. Agenjo

"Un día sin reír es un día perdido" (Chaplin)

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  1. Juan Manuel Garcia Ferrer dice:

    Decía Joan de Sagarra que su madre le llevó a ver esta película cuando tenía 7 años. Recuerda el ruido de los cuerpos de partisanos hundiéndose en el agua: ¡chof!
    Muy buen artículo…

  2. carlesmartinez88 dice:

    Y muy sobrecogedora también la escena que comentas… Sin duda, una de las más duras (junto con las mencionadas).

    Cine verídico y necesario (para no olvidar)

    Saludos¡¡

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