Él reparte. Fotogramas, no cartas. Y nosotros contemplamos. No venimos a jugar, sino a ver cómo los distribuye. Porque si hay algo que Sam Peckinpah sabe hacer, y muy bien, es montar películas. En los primeros minutos de Grupo salvaje (1969), por ejemplo, el cineasta nos demuestra lo bien que sabe prepararnos para una masacre y luego representarla. Música siniestra, palpitaciones, disparos, gritos y dolor. En una palabra: descontrol. Peckinpah enseña los colmillos y nos ofrece la furiosa y sangrienta reproducción del caos. Lo hace con un montaje atrevido, planos tomados con la cámara hipertensa, siempre en movimiento, y sirviéndose de otros rodados con la mítica técnica del slow-motion, intercalada ésta en el conjunto de la acción como si, por un momento, estuviéramos viendo la versión demencial y microscópica del clímax de Origen (Nolan, 2010). Peckinpah hace todas estas virguerías con la misma seguridad con la que un crupier de casino reparte naipes.

Fue un gran maestro. Lo suyo consistía en dar lecciones de cine, como las secuencias orgiásticas de pólvora y muerte que organiza en Grupo salvaje. Una película violenta y amarga, sí, pero también lírica, que recurre al simbolismo en la agonía de ese escorpión devorado por las hormigas al inicio del film, o de ese pájaro moribundo en el suelo de una habitación de burdel. También en esos niños, tan presentes durante el metraje, que disfrutan con los juegos mortales de los mayores y acaban tan corrompidos como ellos.

El director de Perros de paja (1971) –capaz de transformar una apacible casa de matrimonio en un verdadero campo de batalla– firma con Grupo salvaje un western crepuscular, protagonizado por William Holden, el líder de una manada de forajidos anacrónicos que roban, matan y mueren en una época de agitación y cambio, que parece no ser la suya, marcada por la llegada de la ametralladora Gatling y el Ford modelo T. Con esto, el Sr. Peckinpah, sentado en la silla del director, borracho de pasión y virtuosismo técnico, se erige autor de una de las mejores películas del género. Y la banca gana por goleada.

Carles M. Agenjo

Acerca de Carles M. Agenjo

"Un día sin reír es un día perdido" (Chaplin)

»

  1. Nestor dice:

    En alguna ocasión hemos tenido la oportunidad de hablar sobre el cine de Peckinpah y su enorme significación. Con sus trabajos el cine evolucionó y su forma de visualizar la acción fue rompedora. Creo que buena parte de la narrativa de acción posterior debe mucho a la tarea innovadora de Peckinpah.
    Y eso en el aspecto formal, porque si entramos en la expresión de contenidos, podríamos escribir un artículo tan extenso que hasta Cahiers du Cinema querría publicarlo…

  2. carlesmartinez88 dice:

    Molt cert!!

    Pero si hay algo que podemos criticarle a Peckinpah (puestos a buscar polvo), es el hecho de convertir sus famosos montajes en un recurso que explotar en cada una de sus películas posteriores. Lo que parecía fenomenal en Grupo salvaje y Patt Garrett & Billy… Ya no lo parece tanto en Perros de paja. Con el tiempo, ese recurso pierde efectividad y, lo que es peor, profundidad, porque se abusa de él.

    Pero lo que está claro es que Grupo salvaje es un peliculón. Desde el punto de vista técnico, simbólico e histórico (marca un antes y un después en la historia del western).

    Qué lejos quedan los nervios de Gary Cooper esperando en aquél pueblucho del lejano oeste…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s