Me llamo Cristina. Soy hija de padres divorciados, de una madre distante. Tengo una hermana con la que ya no voy a compartir habitación. Vivo en la República Federal Alemana y quiero entrar en la discoteca Sound. Estoy a punto de cumplir 14 y no soy consciente de que voy a convertirme en víctima, en otro insignificante pez que ha mordido el anzuelo de la pseudo-gloria y va a ser empujado hacia un mundo adulto de moda y glamour, de posmodernismo y estética, pero también hacia un infierno del que nadie sale indemne, gobernado por la droga, la marginación y el pesimismo.

Así reza el argumento de la ópera prima de Uli Edel, director germano que empezó elaborando filmes polémicos de bajo coste y ha acabado aposentado sobre el cine comercial. Su debut, Cristina F. (1981), es un durísimo biopic sobre niños drogadictos y prostituidos, una película obstinada en mostrar y explicitar la catábasis a la que se ve sometida Christiane, una niña angelical que desciende al averno terrenal de la heroína, no como hecho aislado de contexto, sino como metáfora de una Alemania decadente que todavía estaba dividida por el muro de Berlín. A comienzos de los 80, Europa se quedó helada ante ese tormentoso retrato indie sobre la degradación humana más precoz que supuraba la sociedad de la Alemania capitalista, mientras al otro lado del atlántico Estados Unidos ofrecía en las multisalas la cara limpia y bonita de la misma moneda, con películas sobre una infancia ambiciosa, entrañable y aventurera: E.T., el extraterrestre (Spielberg, 1982), Los Goonies (Donner, 1985), Exploradores (Dante, 1985); tres películas homenajeadas, por cierto, en la reciente Super 8 (Abrams, 2011).

En contraste con los soñadores chavales de estos filmes, Edel opta por seguir a un grupillo de balas perdidas y a su protagonista –una sorprendente Natja Brunckhorst– que no tienen más aspiración que la de conseguir otra dosis. Edel los sigue y los persigue sin cansancio. No tanto para escuchar su voz, sino para contemplar su soledad, su sufrimiento, su desesperación y los vómitos que emergen de sus gargantas cuando tratan de desintoxicarse sin éxito. Obsesionado por inquietar e incomodar al espectador, el cineasta alemán se regodea en la tortura interna a la que se ve sometida Christiane, una muñeca de porcelana que quiere hacerse mayor cueste lo que cueste y se ve inmersa en un pútrido microcosmos de ansiedad, trasnocho y psicodelia construido sobre el cadáver de Peter Pan.

Uli Edel puede presumir de haber entrado con fuerza en esto del cine gracias a una película visceral, plagada de secuencias explícitas de tratamiento documentalista, que se te pegan –cuál lapa marina– en la memoria. Poco verosímil y torpe es, en cambio, el guión de este filme basado en hechos reales. Un libreto escuálido y falto de letras, que presenta personajes mal labrados que el director y su guionista, Herman Weigel, deberían haber cuidado un poco más.

Detlev (Thomas Haustein) y la jovencísima Christiane (Natja Brunckhorst)

Es de agradecer que Udel sea casi siempre fiel a la austeridad visual del conjunto y no se atreva con arriesgadas secuencias oníricas como las de Diario de un rebelde (Kalvert, 1995): otro interesante filme sobre la drogadicción. El cineasta sólo flirtea a veces con la lírica, ralentizando la acción en momentos puntuales, que no dramáticos, de la trama: la imagen premonitoria del amor de Cristina comprando jaco, la primera prostitución de la protagonista para conseguir un poco más y la muerte de su mejor amiga, de nuevo por culpa de la maldita heroína.

Hay, sin embargo, excesiva tendencia a la reiteración en este personal y oscuro drama con atmósfera claustrofóbica de thriller y vocación de testimonio fílmico, que abusa del tono oscuro, se torna redundante en su afán por mostrar el infierno, avanza a paso de tortuga y contiene una gratuita aparición videoclipera de David Bowie. No cabe duda de que Cristina F. es una alternativa necesaria e interesante al primaveral cine de pandillas de los 80. Pero no nos pasemos… Está sobrevalorada.

Carles M. Agenjo

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Acerca de Carles M. Agenjo

"Un día sin reír es un día perdido" (Chaplin)

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  1. Pol González Ollé dice:

    Fa mal al cos veure com una nena de 14 anys s’injecta droga via intravenosa, i més encara davant mateix de la càmera. Si no recordo malament, una de les escenes així passa en un lavabo… horrible.

    I crec que el punt dur de les drogues en el cine és veure a la gent més jove prenent-les: en el cas, per exemple, de Kids (Larry Clark, 1995) o Gummo (Harmony Korine, 1997), els directors aposten per ensenyar una vida grotesca de drogues, prostitució i delinqüència protagonitzada només per nens.

    Jo ja, des que vaig veure Hard Candy (David Slade, 2005) fa uns anys, miro d’una altra manera els més petits!

    Una abraçada.

  2. carlesmartinez88 dice:

    Gran comentari, Pol!

    I gràcies per aportar tantes referències de pelis que tinc pendents. Tens raó, a més, en això de mirar els nens des d’una altra perspectiva.

    Jo vaig tenir un professor que, durant una classe, només va parlar del nen com a personatge pur, innocent i bondadós (entremaliat a vegades). Però les pel·lícules de les últimes dècades demostren tot el contrari, que el nen vol deixar de somiar, que vol créixer ràpid, que vol abandonar el Peter Pan que tots portem dins i convertir-se en adult abans d’hora. I farà tot el possible per aconseguir-ho.

    Salut i fins ben aviat!!!

  3. carlesmartinez88 dice:

    La recent “Super 8” (així com les pelis a les que rendeix homenatge) és una de les poques recents que recupera l’esperit innocent i aventurer del nen.

  4. plared dice:

    La peli no es que est sobrevalorada, es que es literalmente una mierda. Cuando se estreno yo era un niño, la vi algunos años despues, y nunca entendi su fama. Un documental mal hecho, en el fondo complaciente, ya que al final resultan ser puros como se ven en las escenas digamos mas escabrosas. Solo se me ocurre que la musica y que tratara un tema como las drogas, en un tiempo en que a los jovenes no se nos tenia en cuenta ni el cine ni en nada. Puede ser motivo de su cierto prestigio…Digo yo. SAludos

  5. carlesmartinez88 dice:

    jajaja

    Te comprendo. Seguramente, si volviera a ver esta peli la vería desde una visión todavía más negativa que la primera vez. Impacta, pero está llena de errores.

    Ahora bien, la época en la que se estrenó esta película sí que se tenía en cuenta al niño. En Estados Unidos aparecieron muchos filmes (durante los 80) que mostraban la cara bonita y épica del chaval: Los Goonies, Exploradores, E. T…

  6. Gerard dice:

    Esta película retrata y pretende obviamente ADVERTIR del real peligro de las drogas, en una época que los jóvenes sí tuvieron problemas con ellas. En esta situación, coge a una ciudad cosmopolita, abandonada a su suerte como era Berlín y la desmembra con una música genial de David Bowie (quién sufrió los efectos de ésta también). La película no es perfecta pero describe y muestra claramente los tinglados dónde se meten estos personajes tan jóvenes.
    La película claro que enseña las situaciones más horribles, pues intenta ser realista y no contarte un cuento de hadas.
    Así pues, a mi no me parece una mierda, sino una película necesaria de ver (y repito no, si buscas pasar un buen rato no lo vas a encontrar).

    • carlesmartinez88 dice:

      El impacto y el retrato más o menos fiel de la juventud perdida del momento son lo mejor de esta película testimonial.
      El resto son errores y lagunas típicas de un cineasta amateur que acabaría dejando a un lado ese cine independiente tan atractivo para zambullirse en las aguas del cine comercial más prescindible (exceptuando RAF, que sí vale la pena)

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