Estrenada en la Polonia de 2007, Katyn de Andrzej Wajda aterrizó con retraso en no todas las carteleras españolas. El director polaco presentó su última contribución al cine histórico con una elegía a la desoladora masacre de 22.000 oficiales ejecutados en el bosque de Katyn (Rusia), atrocidad que tuvo lugar en 1940, a manos del ejército soviético.

La película rememora, vestida de luto, la parte más oscura del comunismo, durante y después de la Segunda Guerra Mundial. Temática valiosa y amarga como ésta sirve a Wajda –un director comprometido con la evolución política y social de su país– para dibujar un compendio de historias unidas por la tragedia, que conmueve al tiempo que informa.

Combatiente en el frente polaco a temprana edad e hijo de un padre asesinado en el mismísimo Katyn, Andrzej Wajda se introdujo en el mundo del cine con la película Generación (1955), a partir de la cuál ha compuesto numerosas obras de denuncia social. Desde el antibelicismo expresado en Kanal (1957) –que rivalizó con El séptimo sello en el Festival de Cannes– al apoyo que da al Sindicato Solidaridad en El hombre de mármol (1977), un film donde aparece el ex activista Lech Walesa interpretándose a sí mismo.

El director y guionista Andrzej Wajda

Ocho años después de lanzar Pan Tadeusz (1999), que retrataba una Polonia conflictiva en tiempos de Bonaparte, Wajda ha regresado a la gran pantalla con un drama pesimista que muestra sin ningún recato un crimen del que la URSS se desentendía –inculpando a la GESTAPO– y que no reconoció hasta 1990, tras su desmembramiento.

Entre los actores, quizá el más conocido es Andrzej Chira, que ha aparecido en películas recientes de Europa Oriental y aquí interpreta a uno de los pocos supervivientes de la encubierta masacre rusa. Chira, sin embargo, no destaca tanto por su propia actuación, sino por haber formado parte de un reparto coral muy convincente, que muestra distintos perfiles unidos bajo la desgracia y la pérdida.

Fotograma de una de las secuencias más impactantes de la película

Si bien Katyn no puede equipararse a la spielbergiana vida de Oskar Schindler, ambas propuestas históricas coinciden en alejarse de la violencia gratuita que suele exhibir el cine comercial, para dotar de poderoso significado aquellas escenas en que las consecuencias de la guerra son demasiado explícitas.

Editada con ritmo tedioso, cargada de melancolía justificada y escenas que hieren al espectador, Katyn se da conocer al mundo como reconstrucción meritoria de un suceso que conviene no olvidar.

Carles M. Agenjo

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Acerca de Carles M. Agenjo

"Un día sin reír es un día perdido" (Chaplin)

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