“Mi única preocupación, y no es fácil, es hacer películas

que lleguen al alma de las personas”


De forma breve y a modo de cita. Así declaraba Jacques Audiard sus intenciones cinematográficas. Lo hacía para el periódico gratuito 20 minutos, uno de los menos relevantes. Pero no hay prisas en las palabras que Audiard escogió. Su cine te conmueve, te mantiene siempre atento, aunque también perturba, agobia y asfixia.

Realismo y crudeza son palabras clave en el cine de Audiard. Después de ironizar sobre la “Resistance” en la comedia-mockumentary Un héroe muy discreto, al director galo le ha dado por radiografiar la sordidez urbana. Cine complejo, doloroso y sangriento es el que firma Audiard. Un cine –asegura– que “desnuda lo humano”. De latir mi corazón se ha parado y Un profeta son claros ejemplos. Dos historias de mafia protagonizadas por jóvenes ambiciosos y soñadores, que luchan por salir del lodo en el que han crecido.

Luego está la iluminación –muy natural, muy europea– y el poder desasosegante y estremecedor que vomitan las imágenes de Un profeta. Todo radica en la textura de las mismas: fría, hiperrealista, alérgica a los espectáculos gratuitos que ofrece, por ejemplo, el cine gore. En otras escenas, de intriga muy lograda, la última pieza de Audiard logra que los segundos se cuenten como minutos, transmitiendo una sensación parecida a la de Al Pacino en El padrino, justo antes de perpetrar su primera “vendetta”. Un profeta contiene, además, algunos momentos en que la violencia es captada con una puesta en escena tan cuidada, tan artística, que adquiere un cariz asombrosamente lírico.

Tahar Rahim, actor revelación de la película

Y es que nos encontramos –como muchos críticos han afirmado ya– ante una obra mayúscula sobre el crimen y el hampa, con ligero perfume a clásico moderno. El director que debutó en los 90 con Mira a los hombres caer ha compuesto una película ultra-violenta, pero con trasfondo. La historia nos sitúa en una corrupta prisión habitada por mafias y grupos étnicos que representan, a escala muy pequeña, la cruda realidad que se vive fuera de los muros. Una realidad en la que la inmigración marginada, el distanciamiento entre culturas, entre ciudadanos locales y allegados, entre el primer mundo y el tercero, está al orden del día.

El actor Tahar Rahim interpreta al protagonista de este fresco producto: Malik El Djebena. Éste ingresa desorientado en una lóbrega cárcel y empieza a trabajar para ese monstruo que dormita entre rejas llamado mafia. Que mata, y obliga a matar. Que con una mirada convierte en perros inofensivos a los carceleros del centro, mientras profesiones tan necesarias como la de psicólogo o educador social no dejan el menor rastro en pantalla.

Lo importante aquí es la mafia. Una mafia cruel y despiadada que, no obstante, está tripulada por líderes que ya no son lo que eran antes. Estos abuelitos que parecían intocables en los filmes de Scorsese son ahora dibujados de un modo mucho más oscuro y realista, gracias al personaje de Luciani –interpretado por Niels Arestrup–, un capo senil, recluido de por vida en una prisión desde la que contempla, con mirada melancólica y asustada, cómo su imperio y poder trastabillan a consecuencia de los cambios sociales que está experimentando la Francia del nuevo siglo: la meta de millares de inmigrantes norteafricanos.

Rahim junto al actor francés Niels Arestrup

Dentro de este marco de actualidad, Luciani te habla del mafioso crepuscular, del jefe cansado y finalmente marginado, que lejos se encuentra del Chicago dorado en tiempos de la ley seca o de la Florida ochentera que enriqueció a un sinfín de maleantes cubanos. Y Malik, por su parte, nos trae ecos del caricaturesco Tony Montana de El precio del poder (Brian de Palma, 1983). No porque comparta su personalidad chulesca, desde luego. Más bien es el carácter arribista, afortunado e insensible lo que une a estos dos grandes personajes del cine moderno.

Como ya hiciera de Palma en su encarnizada y trágica película, la nueva pieza de Audiard se centra en la pseudo-épica evolución de su protagonista –de interpretación memorable– y los oscuros ambientes que lo rodean. El director no concede espacio para la “buena obra del mes”. Ni la moral ni relaciones puras –como la majestuosa de Robbins y Freeman en Cadena perpetua– caben en un film que sólo quiere explorar el terreno de las iniciativas ilegales y reprobables. Pero donde nada es blanco y negro, sino gris. Tanto por su ambientación y temática, como por su ausencia total de maniqueísmo. A la película, incluso, le da tiempo a relajar al espectador con momentos puntuales –y nada sobrantes– de humor y ternura.

Los galardonados Audiard y Rahim

Jacques Audiard se aleja así del cine francés más nacionalista para hablar de problemas sociales y vidas difíciles, a través del retrato de Malik El Djebena: un chaval contaminado por la mafia, pero que –esto es nuevo– de tan listo es llamado profeta y en ocasiones roza el misticismo. A Audiard se le ocurre introducir apariciones fantasmagóricas y representaciones oníricas para rodear a Malik con un aura que parece divinizar su llegada, la de los nuevos y jóvenes mafiosos, en detrimento de los antiguos y marchitados, como Luciani.

Grosso modo, puede que el metraje resulte algo denso, que la violencia sepa demasiado amarga y que la intrincada trama despiste al espectador acostumbrado al cine comercial. Nada de eso impide fulgurar a Un profeta. Su autor, Jacques Audiard, premiado en Cannes y Berlín, ha creado una de sus mejores películas, en la que violencia y sensibilidad no tienen porqué estar reñidas, en la que el tiempo cinematográfico se detiene para marcar un antes y un después en el campo de los dramas carcelarios.

Carles M. Agenjo

Acerca de Carles M. Agenjo

"Un día sin reír es un día perdido" (Chaplin)

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  1. Nestor dice:

    La tinc a la meva llista de pendents. Els teus comentari i ara el teu article han generat un gran interès per veure-la. Em sembla que estem davant d’una pel·lícula absolutament revolucionària.

  2. carlesmartinez88 dice:

    En efecte, es tracta d’una pel·lícula sobre la mafia totalment refrescant pel subgènere al qual pertany. No arriba a l’alçada de “El padrino” (alguns crítics van exagerar), però és un thriller notable destinat a perdurar.

    Audiard té més pel·lícules bones (com “De latir mi corazón se ha parado” i la comèdia “Un héroe muy discreto”), però cap d’aquestes despunta tant com “Un profeta”.

  3. plared dice:

    No la he visto, pero sinceramente si es la mitad de buena que comentas, ya sirve. Buen articulo

  4. carlesmartinez88 dice:

    Gracias, plared.

    Espero que te guste. A mi me encantó.

  5. […] figura ecléctica entre la trascendencia de Obi-Wan y el sarcasmo de Del Toro. Lo encontramos en Un profeta (Audiard, 2009), gabacha obra maestra del cine de mafias en la que un joven inmigrante, Malik El Djebena, es […]

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