El portentoso director de Tennesse, el “enfant terrible” de Hollywood, entusiasta de la violencia estilizada y de la apología de la venganza, regresa a la gran pantalla con una inolvidable pieza antinazi que vuelve a dar cuerpo y alma a la cara menos realista del género bélico. Con Inglourious Basterds –y su intencionada deformación ortográfica– Quentin Tarantino reescribe la historia de vencedores y vencidos desde su particular visión gamberra. También vuelve a dejar claro lo profundamente marcado que quedó por el cine de serie A, B y Z.

Las cintas marciales que llegaban de Oriente, el Giallo italiano, el subgénero de la “Blaxpoitation” y las sesiones dobles “Grindhouse”. Anime y Western. Todo esto aparece homenajeado en peliculones de Tarantino como Kill Bill (2003), Jackie Brown (1997) y Death Proof (2007). En su nueva obra, la intención es la misma: rescatar otro grupillo de películas de cine independiente, algunas de ellas olvidadas. Y esta vez ha escogido, como piedra angular, el Macaroni Combat, un discreto subgénero que, a finales de los 60, empezó a fagocitar la temática bélica de muchos filmes norteamericanos -con “Doce del patíbulo” (Aldrich, 1967) como principal referencia- para crear otros de bajo presupuesto, rellenos de violencia desenfrenada y pasotismo intelectual.

Inspirado en comedias bélicas como Aquel maldito tren blindado (Castellari, 1978) y 5 para el infierno (Parolini, 1969), pero también en Los violentos de Kelly (Hutton, 1970), entre muchas otras, Tarantino ha construido otro pastiche de múltiples referencias al cine donde el tema de la venganza, que impregna toda su filmografía, es dirigido ahora hacia los conflictos de la Segunda Guerra Mundial en clave de humor y sarcasmo. Polo opuesto al del historiador, Tarantino se ha pasado por el forro el rigor y ha apostado por la revisión cachonda de un tema polémico, ensuciando de vísceras su relato, como es habitual, pero también incluyendo en el reparto -no sólo a cameos- a un actor tan singular e idóneo para interpretar a Hitler como Martin Wuttke. Qué curiosa es su escueta aparición en el film… Wuttke es un artista de tradición brechtiana, del llamado “teatro épico”, y ha protagonizado obras que no quieren envolver al espectador durante un par de horas, sino romper la magia a la manera de Jean-Luc Godard para despertar en él una conciencia crítica, reflexiva. Y que fruto de ello, se genere una interacción entre director y público, entre emisor y receptor, para que éste genere una respuesta propia e única y devenga, sin darse cuenta, partícipe de la película que está viendo. Su productor último.

El bar, ese espacio cinematográfico donde afloran conversaciones y baños de sangre

Interesantes son, pues, las intenciones de las que Tarantino parte para reconstruir la realidad histórica. El argumento, sin embargo, nos suena a visto y oído. Es iterativo. Una joven llamada Shosanna Dreyfus –similar a la “Mamba Negra”, sólo que más refinada y vestida de época– presencia la ejecución de su familia por orden del taimado coronel nazi Hans Landa. La pequeña huye a París y adopta una nueva identidad. Mientras, en otra parte de Europa, el teniente yanqui Aldo Raine adiestra a un pelotón y se prepara para una misión que hará caer a los líderes del III Reich. El destino quiere que todos se encuentren bajo la marquesina de un cine donde Shosanna espera para vengarse.

Frívola, políticamente incorrecta e irrespetuosa con la memoria histórica. Simplona y original en apariencia. Malditos bastardos también es exagerada, bruta, inundada de sátira y trufada de secuencias que mezclan la comedia con la violencia explícita, tan propias de Tarantino. Esta vez, sin embargo, el director de Pulp Fiction no ha sido tan dionisíaco a la hora de mostrar sangre y dolor. Sus personajes rutilan por la calidad de sus diálogos, alternando cuatro idiomas distintos. Inglés, francés, alemán y pinceladas de italiano poco riguroso integran un divertido y genuino mosaico lingüístico-cultural. Deslumbra, además, el reparto que lo articula: Christoph Waltz en la piel de Landa –con fuerte aroma a Palma, Óscar y Globo de oro– y el polivalente Brad Pitt como Raine, dos actores poliédricos, con madera para el drama, pero también para interpretaciones graciosas aunque un tanto histriónicas. En esta ocasión, austríaco y americano nos ofrecen una excelente creación de gesto y voz.

Mención aparte merece la banda sonora, un listón de temazos acojonantes, seleccionados por ese gran melómano llamado Quentin, un cineasta capaz de ambientar la acción del modo más sutil y evocativo. En su último film volvemos a encontrar las melodías entrañables y misteriosas de Ennio Morricone, quemadas bajo el sol del Spaghetti Western. Fragmentos musicales como éstos conceden viveza a Malditos bastardos: una película de trama débil, puesta en escena virtuosa y personajes caricaturescos, que si hay algo que sabe hacer bien es regalar los sentidos del espectador… esté o no familiarizado con el cine de primera, segunda y tercera categoría.

Carles M. Agenjo

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Acerca de Carles M. Agenjo

"Un día sin reír es un día perdido" (Chaplin)

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  1. Nestor dice:

    Entre las canciones de la banda sonora me quedo con el clásico de David Bowie “Cat people”, fenomenalmente insertado en la escena en que el personaje de Melanie Laurent se prepara para recibir a la cúpula del III Reich en su cine.

    • carlesmartinez88 dice:

      En efecto, la secuencia de la que hablas es toda una lección formal de cine. Tarantino, ese maestro del cortometraje, sabe ambientar las imágenes a la perfección. Ahora que lo pienso, seria un profesor de C. Audiovisual excelente.

      ¡Hasta la vista Nestor!

  2. Jo mateix dice:

    Una de les millors pelis de la ultima dècada en la meva opinió. Vaig disfrutar moltíssim veient la pelicula.
    Bon anàlisis, tot i que se m’ha fet curt aquest cop. M’esperava alguna cosa més llargueta, aunque no li trec mèrit, molt ben redactat, i s’enten a la perfecció el que vols dir.

    • carlesmartinez88 dice:

      Interessant el que dius. Per mi no es la millor ni de lluny, però la seva qualitat com a producte audiovisual és indiscutible. Malditos bastardos és un entreteniment frívol i una mica sagnant, però molt digne.

      Gràcies pel comentari!

      PD: La faré una mica més llarga el pròxim cop

  3. plared dice:

    Esta cinta recibio el aplauso casi unanime de muchas gente. Particularmente la encuentro aburrida, si con unos personajes como casi en todo el cine de su director…carismaticos. Pero le falta algo, este director mas que de de peliculas es de momentos, un baile , una cancion que suena en el momento adecuado. Escenas memorables diria y en esta pelicula no los encuentro

  4. carlesmartinez88 dice:

    Desde luego, no está a la altura de Kill Bill. No digamos ya de Pulp Fiction o Reservoir Dogs. Pero el dominio de la puesta en escena, la calidad de los diálogos y la capacidad de desarrollar algo propio y nuevo a partir de copias de películas que ya existen sigue estando muy presente en la última pieza de Tarantino. El guión, en cambio, no quedará como algo grande. El tema de la venganza vuelve a aparecer… personajes parecidos…. tramas que no son nada del otro mundo.

    Tarantino ha vuelto a reunir lo mejor y lo peor del cine de nuestro tiempo. Forma excelente y guión débil. En cualquier caso, para mí, lo mejor de Tarantino compensa lo peor de Tarantino.

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