“Un día sin reír es un día perdido”


Director y guionista. Compositor y productor. Actor y acróbata. Divertido e icónico. Arquetípico y simple. Dicho de otro modo, Charles Chaplin, uno de los grandes maestros del mudo, la figura cinematográfica que no requiere carta de presentación. Sus numerosas obras hablan por sí mismas. Sobre todo sus cortos y algunos mediometrajes, pequeñas joyas universales con las que el cineasta británico se dio a conocer. La mayoría de ellas, con un brillante denominador común, ese entrañable vagabundo que las protagoniza –con su archiconocido bigote, sus botas anchas y su bombín– bautizado The tramp en Estados Unidos y traducido aquí como Charlot… uno de los personajes más reconocibles de la historia del cine.

Menos conocido es, sin embargo, el film que hoy nos ocupa. Se trata de Armas al hombro, un mediometraje sobre bombardeos y miseria a ritmo de orquesta alegre que data de 1918, el año en que terminó la Gran Guerra.

Chaplin representando la vida en las trincheras

Como muchos lectores supondrán, las virtudes de la película son de nuevo esas míticas secuencias de persecución, manotazos y estropicios chaplinianos; una buena ración de slapstick prehistórico que arrancará carcajadas a granel. Pero también habrá tiempo para los momentos románticos entre el director y la jovencísima Edna Purviance, una de sus hermosas “chicas Charlot” que más tarde reaparecería en las antológicas Vida de Perro (1918) y El chico (1921).

En esta ocasión, maese Chaplin ha guardado bastón y traje en casa para alistarse al frente aliado en la 1ª GM. La estrella vuelve a obsequiarnos con todo el humor que lleva dentro. Y no sólo eso. Esta breve película encierra un motivo de denuncia y va acompañada de valores humanos. Al igual que en El gran dictador (1940), el antimilitarismo es un órgano vital de Armas al hombro. También lo es la cruda realidad, que queda muy patente a lo largo del film, atenuada por ese elevado tono humorístico que Chaplin nos brinda desde una postura –podríamos decir– optimista y esperanzadora en medio de tiempos revueltos.

Como regalo a inmortalizar en retina y mente, la experiencia del protagonista en las trincheras es impagable. Desenterramos de ellas la secuencia del apestoso queso-granada de Limburger, la peligrosa misión del disfraz de árbol y otra secuencia en que una joven francesa (Purviance) se ve sorprendida en su propia casa entre convulsos <<¡manos arriba!>>. Tres momentos divertidos, de entre los muchos que Chaplin nos legó, con un trasfondo amargo y oscuro, que nos habla de la insalubre convivencia de soldados atrincherados en Francia y de gran parte de los civiles afectados del Norte, cuyos hogares fueron colateralmente devastados por el conflicto europeo.

Pero el gurú de la comedia no se está tomando nada a la ligera. Sus películas consiguieron alegrar por unos instantes a sociedades deprimidas de posguerra, una emoción que se ha contagiado a las generaciones venideras. La labor cómica de Chaplin obtuvo su fruto. Y por si fuera poco, a esto se le añade el aspecto crítico que uno puede interpretar de sus filmes, como lo absurdo que resulta quitar vidas por culpa del orgullo ciego de la nación. Todo ello, además, filmado de forma rítmica y trepidante, con ingeniosas descargas de locura y excitación, tan características del cineasta y de la slapstick comedy o “comedia de enredo”, un subgénero que vería la luz décadas más tarde.

Armas al hombro es una obra de nobles intenciones y un tanto candorosa –por culpa del desenlace– cuya estructura narrativa es lo de menos. Chaplin aparece grandioso, como siempre, para ofrecer de modo simple y a velocidad de disparo lo que mejor supo en esta vida: que nos desternillemos de risa y reflexionemos un poco.

Carles M. Agenjo

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Acerca de Carles M. Agenjo

"Un día sin reír es un día perdido" (Chaplin)

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  1. Nestor dice:

    Un fantàstic article per glossar a una figura llegendària.

  2. carlesmartinez88 dice:

    Gràcies, Nestor.

    Chaplin es mereix això i més. És un dels més grans

  3. Pol González Ollé dice:

    Però, com cada gran director o actor, sempre hi haurà un costat obscur!:
    -Gust per les menors d’edat.
    -La figura del Rodamón la extrapolava fora de les cameres, i es veu que la gent passava d’actuar amb ell per la seva forta olor corporal.
    -Tenia por al plàstic (tela!): sempre evitava fer-lo servir (inclosos els preservatius, d’aquí tants embarassos de les seves amants).

    Carles, t’he de passar un llibre sobre les vides secretes de directors i alguns actors… t’encantaria saber el que es cou darrera de les cameres!

    Una abraçada, i felicitats de nou pel blog!

    • carlesmartinez88 dice:

      Què fort! Jo sabia que Chaplin figurava a la llista negra de McCarthy (era un dels “10 de Hollywood”). Tot això que dius no sé si creure-m’ho… Pot ser són rumors. Llegendes sobre una llegenda. Però no deixa de sorprendre’m.

      Ja me’n diràs més de curiositats d’aquestes!

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