“Si puede ser escrito, o pensado, puede ser filmado”

(S. Kubrick)

Para el diccionario, “ciencia” es un conjunto de conocimientos, obtenidos mediante la observación y el razonamiento, de los que se deducen principios y leyes generales. Para el director y guionista Christopher Nolan, la palabra cine también encaja en esta descripción. Por el extremo rigor que exige, por la enorme coherencia interna que encierran sus películas, porque sus guiones parecen hechos con escuadra y cartabón, en lugar de lápiz o computadora, por su precisión de cirujano… a Nolan se le conoce a día de hoy como el científico del celuloide.

Y se lo ha ganado a pulso. Su cuadriculada mentalidad ha provocado una fuerte reacción química sobre público y crítica. Como para pulsar la alarma de emergencia. No la que suena en nuestro interior cuando una película es insoportable. Todo lo contrario. Nos referimos a otro tipo de alarma que nos advierte de la presencia de figuras prometedoras y talentosas en el mundo cinematográfico. Como los hermanos Coen, como Paul Thomas Anderson, como Darren Aronofsky. Y por supuesto, después de que Memento y Origen revolucionasen la narrativa audiovisual, como el gran Christopher Nolan.

Lo estudiarán en las escuelas –sentencian algunos. No hay para tanto –sueltan otros. Optimistas o no, el británico que debutó en 1998 con la interesante Following ha aportado un valiosísimo granito de arena como autor de libretos. Sin recibir gran reconocimiento en los Óscar, Chris Nolan ha escrito guiones complejos, calculados e inteligentes; historias milimétricas que otorgan al thriller, los cómics y la ciencia ficción un vitamínico barniz intelectual.

Hablamos de Insomnio y El truco final, de Batman Begins y El caballero oscuro. Y también de Origen. Un puñado de producciones llamativas y comerciales, muy distintas al espíritu independiente y casero de su ópera prima. Pero también películas originales, escritas con primoroso estilo narrativo, con reminiscencias literarias y a los clásicos del cine, capaces de reinventar géneros y subgéneros: el extenso universo de la ciencia ficción y el mundillo pop de los superhéroes. Propuestas que –¡por fín!– se distancian del caudaloso río por donde fluye el cine convencional y mil veces visto.

Fanático de la filmografía de Stanley Kubrick y las obras maestras de Ridley Scott, el también genuino Christopher Nolan se divierte como nunca alejándose del cine imperante con relatos cuya estructura se desordena ingeniosamente. De acuerdo, no es el único. Quentin Tarantino también lo hizo en Pulp Fiction y en Kill Bill. Pero el perfeccionismo que exige Nolan cuando hilvana sus historias convierte su cine en algo mucho más virtuoso, en pura magia, puro genio: inimitable fuerza narrativa.

Guy Pearce en la piel del protagonista de "Memento" (2000)

Y como era de esperar, ante un director tan reciente y con tan largo camino por delante, la crítica se divide. En EEUU casi todo son cantos y alabanzas, pero aquí, en terreno europeo, donde es sabido que nace y renace la crítica excelsa por antonomasia, unos apodan a Chris Nolan el nuevo maestro del fantástico, un creador en estado de gracia, la perfecta simbiosis entre cine culto y superproducciones para el gran público; mientras que otros, los más escépticos, pero igualmente respetables, señalan con el dedo la poca aptitud de Nolan para la acción, su facilidad para enredar demasiado la historia, dilatarla en exceso, y su dificultad para despegarse de la lógica interna a la que están ancladas sus películas.

Como siempre, la discrepancia de opiniones está servida. Pero hagamos caso a lo que dice el propio Nolan: <<Las películas permiten crear una geografía que les es propia, un mundo particular en el que puedes zambullirte durante un par de horas>>.

Acepta mis normas, entra en el juego, interioriza el complejo código genético que establezco –parece rezar el director mientras la cartelera se va llenando cada semana de nuevos remakes y reinvenciones, precuelas y secuelas, adocenadas cintas de pirotecnia y amor, alguna que otra sorpresa hollywoodiense e interesantes propuestas indie. Ante tal panorama, preconizar la materia que imparte de vez en cuando el profesor Nolan no es mala idea.

Carles M. Agenjo

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Acerca de Carles M. Agenjo

"Un día sin reír es un día perdido" (Chaplin)

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  1. Nestor dice:

    Un anàlisi brillant d’un esplèndid cineasta. Sempre volem saber més dels creadors que s’ho valen i Nolan és mereixedor de reconeixements constants per la seva magnífica trajectòria. Volem més i més d’ell i què millor que Batman per oferir-nos una altra dosi de la seva genialitat.

  2. carlesmartinez88 dice:

    Totalment d’acord, Nestor.

    Nolan és una de les peçes clau del bon cinema d’avui. Del cinema original, adult i necessari. Prou ja de pelis convencionals i poc exigents…

  3. Lluís dice:

    Molt bon article sobre un molt bon director…
    Anomenar-lo professor és retre-li un tot un homenatge, alhora que un saludable símptoma d’afany de coneixement.
    Harry K.

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