Tras boxear hasta decir basta durante su lozana juventud, en 2008 Mickey Rourke se desentiende de los guantes rojos para sumergirse en el exagerado mundo teatral del pressing catch. Se entrega a ello. Nunca mejor dicho… Se lanza al ring. Y lo hace de maravilla. Su interpretación en El luchador es superlativa. De esas que marcan un cambio definitivo en la trayectoria de cualquier actor. Fichado por la retorcida mente de Darren Aronofsky, Rourke hace –en definitiva– el papel de su vida.

Se llama Randy “The Ram” Robinson y es un hombre torturado por una vida dedicada a la lucha libre. Con los años, se ha visto irremediablemente degradado a cuadriláteros de tercera categoría. El día en que Randy sufre un ataque al corazón, se da cuenta de que no puede seguir llevando esta vida y decide recomponerla. Por un lado, trata de recuperar a Stephanie, hija distanciada por una probable desestructuración familiar, interpretada por la efervescente Evan Rachel Wood. Por otra parte, el ya maduro luchador tratará de encontrar el amor con Cassidy, madre streaper encarnada por la también soberbia Marisa Tomei.

En el cuarto largometraje del director de Réquiem por un sueño (2000), nuestro abatido protagonista, también conocido como “actor maldito”, te habla de nuevo de la cruda realidad y del fracaso del sueño americano. Un tema acumulado en el género dramático de Hollywood durante largo tiempo y revitalizado ahora gracias a Darren Aronofsky, cuya labor ha hecho resurgir de sus cenizas a Mickey Rourke, un actor que no atisbaba glorias futuras.

Y es que Aronofsky es sinónimo de Rey Midas. Es un director capaz de arrancar todo el talento del reparto con el que trabaja para convertirlo en oro puro. Encumbró a una anciana Ellen Burstyn en el 2000. Provocó una de las mejores interpretaciones de Hugh Jackman en la flojita La fuente de la vida (2006). Y recientemente le ha tocado la lotería a Natalie Portman, ganadora de cuantiosos galardones por su papel en Cisne negro (2010).

Nada de extrañar, teniendo en cuenta el enfoque de las películas de Aronofsky. Polémico y aclamado, el director siempre despunta y hace triunfar cuando se trata de reflejar infiernos terrenales desde lo particular, con individuos desesperados, en estado depresivo e incluso paranoico. Desde que firmó su frenética y agobiante ópera prima, Pi, fe en el caos, se ha hecho famoso por su imagen de “cineasta rarito”, con talento para retratar la asfixia, como bien demuestra en Réquiem por un sueño, una de las mejores películas que existen sobre la drogadicción. No sólo por el genuino uso que Aronofsky hace de la cámara, ni por su deleitante banda sonora a cargo del portentoso Clint Mansell. El cineasta destaca por el crudo realismo que impregna sus historias, ya sean corales o concretas.

Randy "The Ram" en una de las escenas más repulsivas de la película

Algunas, injustamente, no cosechan tanto éxito de público y jurado, como es el caso de El luchador. Pero nada impide a su actor principal ascender hacia el olimpo de las interpretaciones memorables. Y todo gracias a la filosofía fatalista, eastwoodiana y post-11 S que sigue el film, de que “menos significa más”, de que la épica proletaria que destila Rocky (John. G. Avildsen, 1976), por ejemplo, no importa un carajo. The Ram, coreógrafo masoquista, cúmulo de testosterona cansada, <<trozo de carne vieja>> con reminiscencias al clásico héroe hustoniano, se declina en varias descripciones. Todas ellas, con un denominador común: es el antihéroe por antonomasia. Y como era de esperar, con Aronofsky al mando, Rourke lo borda.

Así nace El luchador, una película que salpica sufrimiento, radiografía el vía crucis de un actor revitalizado y que sirve, además, de encomiable canto en defensa de los perdedores, de los marginados de una sociedad que está demasiado acostumbrada a darles la espalda. Una película, por último, destinada a perder combates. No sólo los que suceden en ella, también el de los Óscar 2008, pues aquella noche no fue recordada como lo que es: una de las joyas dramáticas del año.

Carles M. Agenjo

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Acerca de Carles M. Agenjo

"Un día sin reír es un día perdido" (Chaplin)

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  1. Lluís dice:

    molt sentit, el comentari, tan com la interpretació de’n Rourke
    certament, la peli esquitxa patiment

  2. carlesmartinez88 dice:

    Moltes gràcies

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